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Estrella en marAhora ya no sé qué hacer contigo 6/14/2009 La caídaEmpecé a notar que mi madre envejecía por sus manos. No tiene arrugas ni patas de gallo ni manchas en la piel, sigue siendo delgada y se tiñe las canas. Pero sus manos delatan que tiene 55 áños. La piel ha perdido brillo y se ha vuelto pellejo. No hay vuelta atrás, se acabó. En secreto me vigilo las manos, las observo con el rabillo del ojo cuando están despistadas, moviéndose al compás de las palabras, me tranquilizo al ver que siguen siendo las mismas y me digo aún no, aún no. 3/21/2009 Parece que a va a ser que sí Olvídate, bonita, no dejará de suceder aunque lo niegues. Y va en aumento. Ya es tan fuerte que se produce dormida, despierta, en la ducha, en el trabajo, en el cine, en todo momento y lugar.... 3/18/2009 Un breakUn día, el mundo dejó de funcionar. Al amanecer, se cayeron las agujas de todos los relojes, los metros se pararon en los andenes y la basura seguía tirada en las calles. Ni siquiera había policías poniendo multas, tampoco fieles en los confesionarios. El chip de la obediencia había sido neutralizado tras siglos de intentonas frustradas y nadie hizo, al fin, lo que debía hacer. Por un día, por un único día, la gente logró disfrutar de su tiempo realmente a su antojo. Se pudo, por ejemplo, despertar perezosamente, sacar los pies desnudos del edredón y disfrutar del frío a la misma hora en la que tenía que haber entrado a trabajar. Sin estar enfermo ni de vacaciones. También se pudo elegir ensaimada en el bufé del hotel en lugar de galletas de fibra, pedir gofre para comer (con mucho chocolate) y cenar tarta de queso con arándanos. Y todo sin cargo de conciencia y sin contar calorías. Otros, los pequeños, pudieron poner todas las mesas y las sillas bocaabajo y usar el aula como campo de una batalla incruenta, mientras que los abuelos se saltaron el horario de las pastillas, prendieron fuego a los asilos y saltaron de los cerros en parapente. Tan variado fue el modo de saltarse las reglas que hubo incluso un chino que expresó emociones en público y un alemán que se negó a negarse. Al final del día, cuando el mundo iba recuperando su marcha progresivamente, se registraron algunos conatos de suicidio, presas del pánico a la rutina, pero como ya había muchas personas que habían vuelto en sí, se lo impidieron. Todo volvió a funcionar como si nunca se hubiera parado y la mayoría guardó en secreto sus travesuras, que a veces regresaban a la comisura de sus labios en forma de leve sonrisa maliciosa. PD: Me gusta vagar sin rumbo aunque se me cansen los pies. 2/20/2009 Y eso, a cuento de qué? Mis sueños me tienen perpleja, no sé si reflejan lo que deseo o lo que me aterra. 2/19/2009 Es la segunda vez... ... que lo siento. La primera fue en mayo de 2007, cuando vi la casa por primera vez. Aquel tipo gris de traje destartalado y zapatos viejos -"mi jefe es amigo del hijo y a mí me viene bien enseñarla, me doy un paseo"- que fumaba apurando mucho las colillas y las tiraba al suelo -"no, hombre, no, que éste va a ser mi salón, peroporfavor"- se había quedado con su cigarro en el balcón -"sí, claro, mira lo que quieras, curiosea, yo me quedo aquí al fresco"- mientras yo me adentraba por el pasillo siniestro -papel pintado años 50, dos habitaciones ciegas a la izquierda, una ventana al fondo, a la derecha- con aquella bombilla del aplique queriéndose fundir y miraba la luz, me concentraba en ella paa no ver sombras -"no, ahora no, no te apagues que me da miedo"- y noté un leve roce en el dorso de mi mano -"frus, frus"-. Con la otra, me froté la mano con un escalofrío mientras fruncía el ceño -"que no, que no, tonta, que no ha sido nada, quizá haya corriente, ha tenido que ser eso, sí, ha sido la corriente".Hace un rato, se ha producido la segunda. Estaba lavando la sartén en la pila, a punto de ponerme con las copas, cuando he sentido una cercanía a mi espalda -"es Rafa, ha salido del baño, se me está acercando por detrás y me va a abrazar por la cintura como tanto me gusta"- pero ha pasado un segundo, dos, y no he sentido el tacto y he mirado por encima de un hombro, por encima del otro, nadie y, sin embargo, -"frus, frus"- he sentido un movimiento, el aire que acompaña un paso, un latir, un ay que me están mirando.... Y vuelvo sobre la gente que ha nacido y muerto en un edificio que supera el siglo y que cruje y se queja constantemente y vuelvo sobre su anterior dueño, Teóbulo, que saco a sus hijos y a su mujer de Moncloa para traerlos a San Bernardo porque "había llegado la guerra" -¿cómo llega una guerra, se anuncia por la radio, inserta publicidad en la prensa o suena un tiro, luego dos y un día sales a comprar el pan y te cuentras de bruces con ella, la guerra?-. El hijo de Teóbulo nunca ovidará, ni yo tampoco por el curioso fenómeno de la transferencia de recuerdos, los cuatro cadáveres apilados en la parada de Metro de Noviciado -aunque trate de no mirarla, siento escalofríos al pasar por delante-, el edificio donde está la tienda de cómic completamente reventado por una bomba... Con dos he tenido bastante, tres empezaría a quitarme el sueño por las noches... 2/3/2009 El detalleFrente al pelotón de fusilamiento, la coronel Aureliana Buendía apenas tuvo tiempo de asentir con la cabeza, bajar la mirada y pronunciar una dolorosa confesión en forma de si, eso es verdad... Pero no pudo decir nada más, porque las cien bayonetas de su extensa familia política habían cargado las balas y disparado en apenas un segundo. Bang bang, I shot you down. Bang bang, you hit the ground. Bang bang, that awful sound. Bang bang, I used to shoot you down. Mientras caía, quiso decir pero no pudo que, si bien era cierto que le había tirado unas zapatillas a la cabeza, no menos cierto era que ella había pasado la noche entera en vela, desesperada, preocupada, esperando, que él había llegado borracho como una cuba a las doce de la mañana y que su teléfono y el de todos sus compinches había estado toda la noche apagado. También cabría añadir que él estaba tomando tranquilizantes y pastillas para dormir y no tendría que hacer falta, pero no estaría de más recordar con qué combinación de sustancias se suicidan las estrellas. Además, cuando se abrió la puerta ella se vestía para ir al trabajo y las zapatillas eran, precisamente, lo que tenía en la mano. A los atenuantes del nerviosismo, el cansando y el pánico se pueden sumar los años de reiteración en el delito y un pequeño, pequeñísimo detalle: ni siquiera le dieron. Impactaran contra la pared unos metros a la derecha, aunque ni siquiera habían sido lanzadas con la fuerza y la precisión necesarias. En cambio, él sí que le dejó aquel cardenal inmenso en la pierna que le dolerá ya para siempre -no, es que me he caído en la ducha-. Sí que le levantó la mano amenazando con bajarla, sí que golpeó la puerta hasta casi tirarla abajo, sí que la dejó encerrada en casa por haberse portado mal y sí que destrozó su confianza y su autoestima y la dejó mutilada, tarada, emferma, con el corazón amputado y las esperanzas muertas. Oh, sorpresa, la historia cambia y no un poquito, sino sustancialmente. Recuerdo de mis primeras clases de periodismo que, aún admiendo la imposibilidad empírica de que un sujeto pueda ser objetivo, sí se nos reclamaba la honradez suficiente de no hurtar al lector detalles clave. Cuando era niña, temía a la muerte porque estaba convencida de que no había más allá. Conforme avanzan los años, lo que temo es que no lo sea y que haya, de veras, un juicio final. Me aterra no el ser condenada al fuego eterno, tampoco salvarme y pasar la eternidad sentada en una nube entre cítaras y ángeles ni mucho menos vagar sin rumbo por el limbo, sino el juicio en sí. Y no por lo que pueda pensar Dios de mí ya que, de existir, sabe perfectamente lo que he dicho y hecho (y no lo que no he dicho y no he hecho). No, lo que me causa pavor es ese instante en el que, ante los ojos de las personas que me odiaron y me amaron, las que pasaron a mi lado creyéndome una bondadosa mártir y las que me creyeron una vívora peligrosa, se desvele quién he sido en realidad. Las veces que mentí, las veces que disfracé la realidad, las veces que la oculté o le di la vuelta. Cuando les clavé un puñal por la espalda y cuando les acaricé el pelo estando dormidos. El día en el que fui un héroe y en el que me comporté como el mayor bastardo de los hombres. PD: No hace falta que me lo cuentes todo, nadie lo cuenta todo, pero si vas a ocultar tantos datos que la historia acabe siendo otra, casi que te lo ahorres. 10/14/2008 Resumiendo Ya estoy mejor, aunque no
te lo parezca, pero, paradójicamente, tal vez esté peor. 7/9/2008 La mano que mece la cunapertenece al cuerpo que se escabulle entre la gente y que un segundo antes estaba pero ya no está y también la boca que susurra nombres al oído en el momento preciso y a la mente que maquina y planea para que otros decidan y ejecuten para que sus peones se mojen las manos o se las tiñan de sangre que los enfurece y los dirige para que se estrellen, para que los maten esos otros que si sobreviven, pasados los días, los años, serán acusados de cobardes, traidores, tiranos, pusilánimes, y de nuevo, tras un entierro y un responso fingidos de nuevo tras respirar aliviado sin que nadie note que te tiemblan los labios porque te has salvado a pesar de que has estado a punto de caer tú también de nuevo la mano meciendo, la boca susurrando, la mente urdiendo planes para seguir moviendo hilos en la sombra 6/26/2008 Cuando oigas alguna de estas palabras...tutorear, responsable, gestionar, no cariño si no eres tú soy yo, suegra, cuñada, obras, mudanza, necesito que nos tomemos un tiempo, te voy a contar un secreto ... huye lo más rápido que puedas. Cuántas veces tengo que decirte que me dejes en pazReflexión a) Toda realidad que se niega prepara lentamente su venganza (OyG). Reflexión b) Quiero ser Dexter. |
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