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Estrella en marAhora ya no sé qué hacer contigo
5/6/2008 Una clase de primaria Tiré fuerte de los dos catetos y, sin embargo, la hipotenusa no apareció por ningún lado. Acto seguido, hice salir un tren desde la estación de Sants a 120 kilómetros hora a las 14.23 y otro desde Huelva cinco minutos después a 10 km/h más rápido. Esperé y esperé y pero no se produjo colisión alguna. Intranquila, abrí el Quimicefa y mezclé las proporciones exactas de carbono, azufre y nitrato de potasio. Pero aquella presunta pólvora nunca explotó. Entonces busqué el conjunto vacío entre todas las interjecciones pero todos tenían al menos un par de elementos. Desesperada, me refugié en las letras y me senté delante de una frase... tras horas de análisis fui incapaz de subrayar el núcleo. Agotada toda esperanza, decidí suspender el curso. Quizá tenga más suerte en septiembre. Pero si se confirma la tragedia y el año que viene repito, tendré el encanto añadido de la mujer madura. PD: Estoy a punto de explicártelo con peras y manzanas a ver si.... 4/29/2008 Mi reino por una ventana (alta) - ¿Cómo va todo? -. Probablemente sea sólo una fórmula de cortesía, pero yo contesto, siempre contesto, si no, para qué preguntas. - Pues bien-, digo muy seria, para añadir: "Tan bien que si tuviera la garantía de que me mataba de golpe y sin dolor, me habría tirado ya por la ventana". El tipo se lo cree y me mira horrizado y balbucea un "mujer, cómo eres". Ja. Siempre me gustó escandalizar a los cortos de mente y a los pobres de espíritu. Me alejo con el café, el agua y el periódico miemtras el tipo me sigue con la mirada. A mí o a mi culo. Lo mejor de todo es que encima es cierto. PD: "Doctor, tengo instintos asesinos". "No señora, usted tiene pulsiones suicidas". "Vaya, vaya, ¿y no es lo mismo?" 4/21/2008 De drama a dramónMis días empiezan así: a) "Victoria [...espacio de tiempo en el que empiezo a ser consciente de que existo...]". "Victoriaaaaaa [...espacio en el que abro los ojos...]". "Victoritaaaaaaa [...espacio en el que me relamo de gusto...]". Y yo mientras grita desde la cocina me hago la dormida a ver si pica y viene y me despierta con un beso. Si veo que tarda, ronroneo y entonces siempre pica. Estos días, él prepara el desayuno. b) Cuando me toca, abro la puerta de mi habitación y le susurro al oído: "Rafa, Rafa, socorro, no sabes lo que ha pasado, los cruspis se han enfadado y se han enzarzado en una guerra y se están comiendo unos a otros, corre, corre..." o bien "Rafa, Rafa, alguien ha venido y se ha comido tus galletas y no ha dejado ni las migajas" o "Rafa, cariño, que la cafetera se ha puesto en huelga y dice que nos vayamos a tomar el café al Nebraska" o, simplemente, "te quiero" Y desayunamos haciendo zapping de noticias. Algunos días, el mundo me sorprende. Muchos otros, me aburre. La mayoría, da asco. Hastiada ya tan temprano del mismo día repetido (bomba-decapitación-incendio-accidente-declaración altisonante o bomba-bomba-bomba o incendio-declaración altisonante... las posibilidades, siendo las mismas, son infinitas), pongo La 2 en busca de la inocencia. Y aparece el niño que tiene nombre de error infantil, "Jesusito, Jesusito eres niño poco yo". Ya sé que es para niños de 0 a 3 años, pero se ha convertido en mi refugio mañanero. Me divierte muchísimo y me llena de ternura ver cómo descubre el mundo, cómo aprende, se equivoca, rectifica y todos contentos, todos siempre contentos. Sin embargo, desde el tercer día vi algo sumamente inquietante en ese mundo de chicle y gominola. Algo que me produce un terrible desasosiego. Hace una semana o dos desde que me enganché y ya he descubierto lo que pasa, sí, lo que se esconde, la verdad verdadera, lo terrible del cuento. Pocoyo no tiene padres, sus amigos son imaginarios y su mundo es blanco porque, en realidad, Pocoyo es un asesino en serie que mató a sus padres y a sus dos hermanos, uno de tan sólo unos meses, cuando tenía 11 años. Todos los sociólogos, mentalistas y tertulianos de pro trataron de buscarle una explicación, pero no la había. Ni locura, ni videojuegos, ni drogas ni padre maltratador ni cura pederasta ni posesión diabólica. Nada. En el juicio, un jurado popular fue incapaz de admitir que lo hizo porque sí y, siendo claramente culpable, la cárcel no era lugar para un niño de 11 años. Enviado a un reformatorio, a los dos meses se había cepillado a una maestra y dos niñas. Ahora, se encuentra en estado catatónico, ingresado desde hace más de tres lustros en una institución benéfico-metal donde, a escondidas del Estado, experimentan con su mente y con su cuerpo. ![]() PD: Sçi, Bruno, sí, mi capacidad para el drama es infinita. ¿Quieres otra dosis? 3/13/2008 VETEHace un segundo estaba profundamente dormida y ahora ha abierto los ojos de par en par y se ha incorporado en la cama, con la misma sensación de cuando vas por la calle y alguien te llama por tu nombre e, instintivamente, vuelves la cabeza para ver quién es y qué quiere. Pero no está sobresaltada por un mal sueño ni es la hora de levantarse. Simplemente, está despierta en medio de la noche y de la oscuridad, sin querer moverse para no molestar al que levemente respira a su lado. Reflexiona, ¿qué pasa, qué está pasando? Logra recordar que ha sentido un click, la ha despertado un leve chasquido como de pieza que encaja. Pero no hay nadie en la casa, todo está tranquilo, en paz. Le da vueltas durante un segundo y entonces comprende, entonces cae en la cuenta. - Oh, sí, sí, al fin, gracias al cielo-. Quiere gritar de alegría pero no puede. La tomarían por loca, sobre todo si la vieran ahora, momentos después, sentada sobre la encimera de la cocina bebiéndose a morro un benjamín que guardaba en la nevera de la fiesta de Navidad. Disfrutando cada sorbo que casi rebosa la comisura de los labios, brindando consigo misma en silencio, sin parar de sonreir. Está tan feliz que decide llamarle para darle la enhorabuena, para contarle lo mucho que se alegra de que, de una vez y para siempre, se haya olvidado de ella. Porque ya no está, ha sentido y siente el vacío de la desconexión, la libertad de la ausencia, la liviana... antes del tercer ring, cuelga el móvil, apenas un segundo después de sentir click y de que le vuelva a faltar el aire. PD: Por favor, por favor, por favor, olvídate de mí. Borra mi nombre, como si nunca hubiera existido o, mejor, como si hubiera muerto. 2/15/2008 Quiero ser un clí Sí, quiero ser un clí (no
pienso hacer el esfuerzo mínimo que supone averiguar si los muñecos de
Playmobil son clicks o clipt o clips o como sean porque hay ciertos
mitos de la infancia que deben seguir llamándose como lo hacían en su
tiempo, cuando no sabía inglés ni dicción ni apenas nada de la vida). Un clí montado en un descapotable por el pasillo rumbo tu mesita de noche. Un clí remojado en espuma contigo en un baño limpito y sin escapes. Un clí en París sin salir de casa, cenando con las estrellas. Un clí que no tiene que pelearse con nadie para que la casa esté a más de 16 grados en invierno. Porque en este mundo cálido de bonsáis y barbacoas no hay cuentas ni facturas, ni burofaxes, ni fantasmas, ni móviles que suenan a deshora, ni abogados, ni trampas. Tampoco hay finales de mes apretados y principios de mes tristes, ni bolsas de viaje con una muda en el capó del coche. http://es.youtube.com/watch?v=akAhC8gnzQQ PD: Pasar tiempo juntos no es compartir una vida. 12/18/2007 Y si? - Elija una de las opciones siguientes, si no la encuentra, diga alto y claro otras: ta-ri-fas, con-tra-tos, o-fer-tas-es-pe-cia-les [...]. - O-TRAS. En ese momento, Elena cayó en la cuenta de que le había ocurrido otra vez. De nuevo, había dado con uno de esos contestadores automáticos. Mierda, pensó, qué jodidamente parecidos a los clientes son ya estos cacharros. La voz no le había sonado metalizada, la entonación sonaba falsamente humana e incluso había sentido cierto desdén y cansancio. Pero no, llevaba media hora perdiendo el tiempo. Probablemente el cacharro estaba registrando cada palabra y ahora iba a anotar que le estaba colgando. Tiró del cable, suspiró, y lo metió en otro agujerito. - Buenos días, soy Elena Castro y le llamo del centro de operaciones de...- dijo, con su mejor sonrisa. 11/8/2007 La fuerza de la costumbre Echo de menos mi país, que me lo devuelvan. No tenían derecho a robarme mis domingos, porque el periódico de ese día sagrado con sabor a Nocilla y a pereza es igual al del lunes y al del viernes. Si no podemos diferenciar en qué día de la semana estamos, vagaremos por ella como naúfragos o viejos o heridos, arrastrando los pies. De no ser atendidas mis demandas -y mira que he secuestrado a la tilde y la tengo encerrada entre dos corchetes-, exijo una indemnización por daños y perjuicios. Era viejo, sí, y feo, sí, y ladrilloso, sí, pero era mío. Ahora paso las páginas sin reconocerlo, ni siquiera la tinta me mancha las manos igual.
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